Ay, Agnes! mi Agnes particular, mi Agnes de Kundera. Leo las páginas que en el mes de enero me regalaste, en ellas apareces tú sin darte cuenta. Y que mejor momento que evocar tu recuerdo ahora que no nos dormimos en la misma cama?
Y a altas horas de la madrugada, cuando Morfeo ha decidido pasar de largo y las horas se detienen enredadas entre las palabras de una dedicatoria con la que abrir cerraduras y quitar armaduras se vuelve la mejor alternativa a contar ovejas, me acuerdo de ti.
Me acuerdo de tu gesto, de ese gesto que, citando a tu autor favorito, "es una especie de esencia de tu encanto, independiente del tiempo, que quedó durante un segundo al descubierto [...] y me deslumbró"
y además, te echo de menos.
miércoles, 6 de julio de 2011
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