miércoles, 6 de julio de 2011

Agnes

Ay, Agnes! mi Agnes particular, mi Agnes de Kundera. Leo las páginas que en el mes de enero me regalaste, en ellas apareces tú sin darte cuenta. Y que mejor momento que evocar tu recuerdo ahora que no nos dormimos en la misma cama?

Y a altas horas de la madrugada, cuando Morfeo ha decidido pasar de largo y las horas se detienen enredadas entre las palabras de una dedicatoria con la que abrir cerraduras y quitar armaduras se vuelve la mejor alternativa a contar ovejas, me acuerdo de ti.

Me acuerdo de tu gesto, de ese gesto que, citando a tu autor favorito, "es una especie de esencia de tu encanto, independiente del tiempo, que quedó durante un segundo al descubierto [...] y me deslumbró"

y además, te echo de menos.