domingo, 6 de marzo de 2011

unha noite xunto ao adriático

y te imagino a cada instante sumergida en una habitación en penumbra, yo abro la puerta y te encuentro acurrucada, a medio vestir sobre el sofá, mirando al vacío después de un día agotador en el que el calor ha hecho mella en tu piel levemente dorada en la que pequeñas gotas de sudor despuntan permitiendo que tu cuerpo se aclimate poco a poco y se refresque. la pequeña puerta acristalada que da a la pequeña terraza está abierta y la brisa que llega del mar hace que la cortina que compramos ayer baile en silencio cual fantasma. cuando abro la puerta a penas te inmutas, con un movimiento casi sonámbulo miras hacia mi como si no me vieras y sonríes y es entonces cuando esos hoyuelos que tanto me gustan de ti se acentúan todavía más y unas pequeña y prácticamente imperceptibles arrugas se dibujan en la orilla de tus ojos marrones en los que todavía queda algo de rimel. me acerco a ti y te beso. y te beso como no he sabido besar antes, como no he besado nunca. te beso con tantas ganas que todos los demás besos que besé parecen insignificantes y vacíos, aunque sé que esto último no sea completamente real. pero quiero creerlo así ahora que tengo entre mis labios tu lengua suave, húmeda y salada. quitándome la camiseta nos recostamos sobre el sofá después de haber puesto tu nuevo cd con el volumen al dos, tan sólo para que se escuche por encima del lejano ronroneo de la espuma del mar que llega del otro lado de la terraza. es entonces cuando nos dejamos mecer el uno en el otro y nos bebemos a sorbos ruidosos una botella de lambrusco que se nos derrama sin quererlo sobre nuestros cuerpos desnudos que acaban por bañarse juntos en el agua salada del adriático antes de irse a dormir.